
En el fútbol nada es casualidad. La suerte y el azar siempre juegan sus papeles, más o menos trascendental, pero es el trabajo que pone las cosas en su lugar. Puede sorprender que Tigre tras seis meses firmaba su ascenso a Primera ganándole a Barracas, hoy se encuentre listo para disputar la gran final, a la cual llegó por terminar tercero entre 14 equipos y eliminando River de Marcelo Gallardo en El Monumental.
Batacazo, sí. Sorpresa, también. Pero, ¿casualidad? Eso no. Porque Diego Hernán Martínez no deja nada librado al azar y llega ahora en su primera final. Todo tiene una explicación, un fundamento. No hay una sola clave. Su nombre puede ser nuevo en el ambiente, pero en sus cortos para ser técnico (43 años), ya hay experiencias que lo llenaron de conocimientos. Atrás del éxito, hay un camino. De sacrificio, de hambre, de pulmón.
Despué de una carrera como jugador, (jugaba de mediocampista por izquierda) que lo tuvo retirándose en 2011 en Estudiantes de Caseros tras vestir camisetas de clubes de Argentina, Colombia, Guatemala y Grecia; Diego Martínez inició su camino como entrenador. El viento no siempre sopla a favor, pero los resultados le terminan llegando a quien no se rinde. Dirigió en todas las categorías del fútbol argentino, pasó por las Inferiores de Boca y estuvo seis meses capacitándose en La Masía.
Todo para llegar al exitoso presente, que al menos en su carrera individual, parece ser solo el inicio de un ambicioso camino. Por edad y por estilo, está claramente arraigado a la nueva generación de técnicos que ya son presente y realidad en Argentina. Intensidad, dinamismo, agresividad. Tres claves que a él no le son ajenas. Pero en la flexibilidad está la llave. “Esto también es jugar bien”, soltó después de amargarle la fiesta a River proponiendo algo distinto a lo que Tigre suele mostrar.
Pero igual de efectivo, porque anuló al Millonario por adentro y lo lastimó cada vez que tuvo la oportunidad. No ganó defendiéndose, pero sí cedió el protagonismo entendiendo que la circunstancia, el contexto y el rival así se lo pedían. Diego había sido claro desde su llegada en Tigre: Queremos estar a la altura de la primera división, construir un equipo competitivo y culminar de la mejor manera sería con la clasificación a una copa internacional.
No sólo su Tigre sorprendió con su buen juego, contundencia y triunfos, sino que está a 180 minutos de volver a hacer historia. Martínez le da a Tigre identidad que se quedará marcada independiente del resultado contra Boca en el estadio Mario Kempes. El postre ya está servido, el campeonato sería nada más que la frutilla. Pero claro, él siempre quiere más y va por eso.